Artículo previamente publicado en la revista Sin Límite Avante
El miércoles
30 de mayo de 2012, el periódico El Universal difundió una grabación donde
aparecen Luis Costa Bonino, asesor uruguayo de la campaña por la presidencia de
Andrés Manuel López Obrador, y el cineasta Luis Mandoki, quienes le solicitaron
6 mil millones de pesos para apoyar la campaña del candidato de las izquierdas.
Esa cantidad aseguraría la victoria de la izquierda, dijeron. El audio provocó
un escándalo en medios y López Obrador se vio obligado a negar la ayuda de
Costa Bonino en la campaña y después le pidió su salida del equipo.
Sin
embargo, el asesor extranjero colaboró desde el 15 de febrero de 2012 por
intención de Mandoki. Dirigió sus primeros spots y fue el responsable de un
importante cambio de rumbo en la campaña que le llevó a superar el tercer lugar
y avanzar una importante cantidad de puntos en las encuestas electorales,
llegando incluso a darles 7 puntos porcentuales de diferencia del hoy
presidente de la república Enrique Peña Nieto.
El asesor
ha participado en varias de las más importantes campañas políticas. En 1988,
dirigió la campaña del ex presidente francés Francois Mitterrand. Ha trabajado
en campañas políticas en Francia, Italia, España y Portugal. En América Latina,
ha participado en campañas en México, Guatemala, Honduras, Uruguay, Paraguay,
República Dominicana y Brasil. Recientemente se desempeñó como estratega del
presidente Ollanta Humala en Perú, y de José “Pepe” Mujica, en Uruguay.
A poco
más de un año de su salida de la campaña de AMLO, Luis Costa Bonino realiza el
primer balance de lo que sucedió en 2012. En una serie de escritos aparecidos
en su portal www.costabonino.com, el asesor expone las razones de la derrota
del candidato de las izquierdas y manifiesta los principales problemas
provocados “los amigos de AMLO”, quienes parecieran, según el asesor, hicieran
lo posible por ver perder a su candidato.
El avance de la Campaña
“Tengo
miedo porque ya nadie cree mis encuestas”. De esa manera inicia el spot “Miedo”
de AMLO difundido casi al final de campaña. La frase es pronunciada por un
títere de Peña Nieto. En el spot, aparecen otros cuatro títeres, simulando a
Fox, Salinas, Vázquez Mota y Elba Esther Gordillo. Todos ellos bajo un fondo
negro.
Posteriormente el personaje parodia de Vicente
Fox dice: "Tengo miedo porque el gabinete de López Obrador sí es un
gabinetazo"; Gordillo: "Tengo miedo porque ya se despertaron";
Salinas: "Tengo miedo porque ya no sabemos cómo provocarles miedo", y
Peña Nieto: "Tengo miedo porque evidentemente como he señalado tengo
miedo"
El spot
es el resultado de la mala planeación del final de campaña del candidato. Después
de una buena secuencia de spots, que se iniciaban con el llamado
“Reconciliación”, donde AMLO aparecía en una imagen presidenciable ofreciendo
su mano franca para congeniarse con las otras fuerzas electorales que no le
favorecían, el spot de “Miedo” echaba por la borda el esfuerzo de
“resignificación” de la imagen del candidato ideado por la campaña de Costa
Bonino. De entrada, el último spot mencionado tenía un error bastante garrafal:
la oscuridad. Para Costa Bonino, las tinieblas siempre tienen un efecto
negativo en los votantes. Vázquez Mota, en su primer spot donde aparece en un
escenario completamente oscuro, ya había aprendido esa regla de la
mercadotecnia política. Sin embargo, los errores según el asesor no eran del
todo accidentales.
Desde su
integración a la campaña el asesor planteó que “sólo él (AMLO) era quien podía
ganar la elección, y que la campaña debía centrarse en su persona, que debíamos
hacer una tarea de “resignificación” de su candidatura y que debía haber una
“reconciliación” con el electorado, con el empresariado, y con la sociedad
mexicana en su conjunto”.
Pero las
dificultades de campaña cada vez serían más apremiantes, aunadas a un ataque
cada vez más intenso de los medios de comunicación que constantemente difundían
encuestas en las cuales mostraban la enorme ventaja del candidato priista.
“López Obrador regaló dos elecciones imposibles de perder”
“López
Obrador regaló dos elecciones imposibles de perder. La de 2006 y la de 2012.
Tras de sí dejó una inmensa desilusión en millones de sus seguidores, quienes
sólo querían el triunfo de la izquierda y una vida mejor para todos los
mexicanos”, afirma Costa Bonino en su balance.
La
primera oportunidad real para atacar la inmensa ventaja de Peña Nieto durante
la campaña fue durante el primer debate. El desempeño de AMLO durante el mismo
fue menos brillante de lo que se esperaba. Al final, rescató su participación
revirando la acusación que el propio priista le había hecho sobre el caso
Bejarano. AMLO le devolvió una fulminante estocada: “Sí, pero ellos están en la
cárcel. Usted está aquí”.
No
obstante, el debate no modificó las intenciones del voto medidas por las casas
encuestadoras. Fue la primera advertencia para Costa Bonino de que AMLO en
realidad “no quería ser presidente”.
Así lo
relata el asesor: “Considerábamos que la capacidad, experiencia y lucidez de
López Obrador eran claramente superiores a las de Peña Nieto […] Íbamos a
hacerlo muy profesionalmente, con un ensayo y representación final en un
estudio de televisión. La primera señal inquietante que recibimos, fue la
cancelación de la sesión inicial de preparación del debate con el candidato. No
demoramos mucho en saber lo peor, que López Obrador había decidido no preparar
el debate con nosotros, ni con nadie. Según dijo, y lo dijo a la prensa, él no
necesitaba prepararse para el debate. Ya estaba preparado.
“Esa
actitud no era solamente una inmensa y penosa demostración de soberbia, sino
que era un golpe durísimo a su propia campaña. […]Cuando AMLO inició su
exposición sin plan, sin estrategia, sin criterio, sin rumbo, aludiendo de
manera paranoica a las fuerzas ocultas que controlaban toda la historia
política mexicana, con gestos vagos, inciertos, con silencios interminables,
con una exasperante lentitud, quedamos todos convencidos de que nuestro
sacrificio y trabajo había sido en vano, y que caeríamos en picada perdiendo
todos los puntos que habíamos logrado subir hasta entonces”.
El 31 de
mayo la encuesta de El Universal daba apenas una ventaja de 7 puntos a Peña
Nieto sobre AMLO, después de casi 20 puntos de ventaja. Sin embargo, el fin
ascenso del candidato después sería evidente.
Para
Costa Bonino “El peor enemigo de AMLO, sin embargo, fue la fase final de su
propia campaña”. Al término del cómputo de los votos de la elección, AMLO quedó
debajo del candidato priista por 6 puntos. Durante la campaña, el PRI no seguro
de su victoria desplegó a todo su ejército electoral y recurrió “a la compra
masiva de votos” como referiría el asesor.
Para
Carlos Navarro, diputado local en Sonora del PRD, la campaña de AMLO llevaba
un buen rumbo, pero coincide con Costa Bonino sobre la causa de su caída al
final de la campaña.
¿Cree que la campaña diseñada de Costa Bonino le ayudó a
AMLO? –le pregunto al legislador.
Yo
creo que iba muy bien, superando los negativos, subiendo en las encuestas. Creo
que hubiera ganado si no se encierra en sí mismo y en su círculo de aduladores.
Eso lo perdió, independientemente de Monex.
Al final afirma el asesor
uruaguayo: “La campaña de AMLO pasó de ser una gran
campaña electoral política, a ser una pobre y mala campaña publicitaria”
AMLO no quería ser presidente, asegura Costa Bonino. Antes que un político es “un luchador social que desconfía del poder. Un luchador al que sólo “le gustan las multitudes, los abrazos, los aplausos, los discursos. Es muy buen candidato, pero pésimo estratega. Es un conductor de masas, de multitudes. Su objetivo esencial es tratar de demostrar una superioridad moral absoluta en relación con todos los demás políticos de México. Esa pretensión de superioridad moral, para él es más importante que la Presidencia.
“Él no
tiene ni quiere asesores, ni colaboradores, ni ministros. Más que líder
político es un líder social, y más que líder social, es un líder religioso. Su
liderazgo es, esencialmente, un liderazgo místico”.
Después
de las elecciones, el candidato fundó MORENA, su propio partido, que espera le
cobije en las elecciones de 2018. La salida de AMLO representó el primer reto a
superar para los partidos de izquierda, especialmente del PRD.
EL
PRD después de AMLO
Para Alejandro
Encinas, militante del PRD “La izquierda partidaria atraviesa por un cambio de
ciclo caracterizado por la fragmentación, el descrédito y su desdibujamiento
ideológico”.
El gran poder
electoral que AMLO daba al PRD era muy importante. Sin embargo, su postura en
ocasiones intransigente y reacia al cambio y al pacto con otras fuerzas
políticas, provocó que al PRD se le viera como una “izquierda reaccionaria”.
Pero a la salida de AMLO de la militancia perredista, el partido se ha debatido
en un intenso enfrentamiento entre los que apoyan el Pacto por México y la
reforma energética como Jesús Zambrano, su presidente, y Jesús Ortega, uno de
los principales intermediarios con otras fuerzas políticas a partir del Pacto.
Del otro lado, Marcelo Ebrard, también sale a la palestra para pedir una
verdadera discusión sobre la reforma energética y es sabido, el ex jefe de
gobierno intentará primero ganar la presidencia del partido y segundo,
postularse en 2018 por la presidencia de la república.
Ha llegado el momento
del debate para el PRD y especialmente quitarse los negativos que AMLO les legó
como partido.
Para Carlos Navarro, la salida de AMLO no
necesariamente es el fin de la fuerza del partido.
¿Cree que pierda fuerza el PRD con la salida de
AMLO?
“Seguramente, aunque Mancera sacó un millón de
votos más que AMLO y nunca Andrés Manuel se acerco a su campaña. Igual Graco
(Ramírez) en Morelos nunca lo apoyó AMLO. Ni
Gabino (Cué) en Oaxaca.
¿Y cómo ve el futuro de la izquierda?
En el país bien. Creo que a México le hace falta una
izquierda fuerte y propositiva, moderna, no contestataria; incluyente, con una
propuesta democrática en todos los planos y creo que el reto son enfrentar la
división PRD y MORENA en las elecciones intermedias de 2015 y buscar una
candidatura unitaria a la presidencia en 2018.
Al final, el Pacto por México firmado por los tres
principales partidos políticos se encuentra en la cuerda floja. Especialmente
por las evidencias del uso electoral de los recursos federales destinados al
combate a la pobreza. Pero el gran ganador ha sido el PRI. El PAN y el PRD
atraviesan por divisiones intestinas que ponen en un verdadero predicamento la
identidad de las dos principales fuerzas políticas, las de derecha e izquierda.
Los dos personajes más importantes para el PAN y el PRD,
Calderón y AMLO, han dejado a sus partidos enfrentados en el mayor reto de
reorganización.
El 7 de julio de este año se difundió en los medios la imagen
de Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno del D.F. y Andrés Manuel López
Obrador vestidos de beisbolistas con la leyenda “Amigos” en sus uniformes. La
ocasión fue la inauguración de la Liga de Veteranos de la Ciudad de México, que disputaron los
equipos Amigos y Azcapotzalco en el Deportivo Alianza de Tranviarios de México,
a donde Mancera fue invitado a lanzar la primera bola. Esa imagen nos brinda la
metáfora perfecta para identificar lo que pasará con el dominio de la
izquierda: “Esto no se acaba hasta que se acaba”, como
diría Yogui Berra, ex beisbolista profesional.
